26 jun 2011

Cambios

Siempre imaginó que alguna vez algo iba a cambiar. Que tendría una nueva oportunidad, una esperanza para ya no esperar más. Un día pensó que sería capaz de salir, de abandonar todo lo que tenía y poder cumplir la promesa por la que tanto luchó. El tiempo, sin embargo, le mostró lo contrario. Lo hizo víctima de esa la cruel y oscura prisión de la incertidumbre y la espera... Caminaba ella por Avenida Central. Con paso y ritmo seguro. El sonar de sus tacos generaba una melodía que parecía hacer juego con el vaivén de sus caderas. Mientras peleaba con unas palomas que intentaban arrebatarle la comida que había recolectado durante la mañana, la vio pasar. La sola presencia de esa mujer detuvo su tiempo. Lo trasladó a otra dimensión. Era él y esa mujer de altos tacos. Su cabello al viento, su vestido ajustado, sus labios rojos, sus ojos pardos, su piel blanca, todo hacia armonía con su espectacular figura. Un ataque de feromonas invadió su cuerpo y él cayó rendido a sus pies. Su aroma, su calor, todo lo que expelía de ella, era un bendito veneno para  su corazón. Quedó maravillado, embobado. Cuando por fin cruzaron miradas, a tan sólo unos metros de distancia, ella abrió su cartera, sacó una moneda y la arrojó despectivamente mientras subía a su Mercedes. Sin más, el sujeto recogió el dinero, se puso de pie y volvió a pelear con las palomas. El mundo siguió su curso. Todo fue igual, no era tiempo para cambiar.