25 abr 2011

Cinco Minutos

Aún de noche, la vio pasar frente suyo. Como de costumbre, la miró sin disimular su angustia. Siempre a la misma hora y en el mismo lugar, despertando sus más profundos deseos. Su voz, su aroma, su piel, su dulzura; todo era una incógnita para él. Sólo cinco minutos le bastaban para hacer realidad su única gran fantasía. Cinco minutos para vivir su idilio. Trescientos segundos para protagonizar las más fogosas líneas de sus poemas. Sólo cinco minutos. Una eternidad. Sí, sólo cinco minutos para que la marcha del autobús lo despertase y ella quedase ahí, en el lo que siempre ha sido, una simple fantasía.

31 oct 2007

Primera Vez

Estaba nerviosa, no sabía que hacer. Su respiración se hacía cada vez más dificultosa. Él se acercaba con violencia, sin importarle nada. Ella, en cambio, estaba quieta, impávida. Su cuerpo sudaba y su pulso aumentaba. Era su primera vez y el miedo se apoderaba de su ser. En el campo nadie le había hablado de esto. Con su mente en blanco y rendida a los espasmos, vio como él penetraba. Se escuchó una alarma. Se abrieron las puertas y la masa la ingresó al Metro.

7 oct 2007

Éxito

Él era un tipo exitoso. Tenia buen empleo, amigos formidables, muchas mujeres y una vida tranquila junto a sus padres. Era la envidia de todos sus conocidos. Siempre se ganaba los honores y las felicitaciones de todas las personas. Tenía una vida perfecta, y él lo sabía. Era el alma de las fiestas. Donde fuese, deslumbraba con su simpatía y buena presencia. Las mujeres se derretían con su sonrisa y él, obviamente, se dejaba querer. Tenía mucho dinero, y eso atraía a muchos interesados que lo adulaban por cualquier cosa. Pese a ello, esta situación no le molestaba. Lo tenía todo y eso era lo más importante.
Sin embargo, esa noche él estaba solo. Las fiestas quedaron atrás, sus amigos gastaron su dinero olvidándose completamente de su presencia. Sus padres dormían tranquilamente con la convicción de saludar a su hijo por la mañana. Enfrentado al vacío y a la desesperanza de sentirse abandonado, se halló en la azotea de su departamento. ¿De qué sirven las riquezas, el éxito, las mujeres, las adulaciones, los amigos, si no has encontrado el verdadero amor? Mientras trataba de encontrar una respuesta a su interrogante, una fría placa de asfalto recibió su cuerpo ahora destrozado.

1 sept 2007

Un sueño coartado

Estaba nervioso. Sus manos sudaban y su respiración se tornaba cada vez más agitada. Estaba angustiado, desesperado. Hace tan solo tres semanas lo habían despedido de la empresa y ya no tenía cómo alimentar a su familia. Buscó trabajo y no consiguió nada. Y es que con sus 55 años de edad, nadie lo quería contratar. Caminó por largas horas, sin un rumbo fijo. En el trayecto muchas ideas se le vinieron a la cabeza. Pensó en suicidarse, pero su cobardía fue más grande y prefirió seguir con su ya maldecida vida. Así llegó al Banco decidido a cobrar sus últimos recursos. Se puso en la fila y esperó. Durante la espera consultaba constantemente su reloj, como si esperara a alguien. Miraba para todos lados, como quien busca algo en particular. La fila avanzaba lentamente. Era fin de mes y muchos trabajadores fueron a cobrar su sueldo. De este modo pasaron las horas y llegó su turno. Nervioso se acercó a la cajera, la saludó muy cordialmente y le entregó un papel. En el intertanto respiró muy profundamente, se dio media vuelta y sacó un revolver. -¡Esto es un asalto!- gritó con vehemencia y toda la concurrencia se lanzó contra el piso. Así obtuvo una buena cantidad de dinero. Siempre apuntando a la clientela, se fue acercando a la salida pensando en que ahora sí podría sacar adelante a su familia. Contento por haber logrado sus objetivos, abrió la puerta y una fría bala de hierro penetró su corazón. Un policía que caminaba por el lugar escuchó el alboroto y sin compasión redujo al asaltante y su esperanza de comenzar una nueva vida.